Running para Dummies

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No sabría decir cuándo fue mi primer intento de convertirme en runner. Primer intento fallido, of course.

Calculo que hará un par de años de aquello. Luego hubo otros dos intentos; también fallidos, para mi desesperación.

Sin embargo, no me resigno a que esto del running, que ha enganchado a tantísima gente, deportista y no deportista, se me resista a mí, hombre ya. Tal vez sólo me falta un poquito más de perseverancia. O ponerme en serio a ello.

Pero, ¿cómo empezó mi relación amor-odio con el running?

Bien, supongo que de repente, vi que salir a correr volvía a estar de moda. (Yo es que soy muy de dejarme llevar por las modas).

Abro paréntesis: cuando era adolescente, y vivía en casa de mis padres, teníamos un vecino que salía todas las mañanas temprano a correr. Pero todas. Lloviera, tronara o hicieran 50 grados a la sombra.

Recuerdo como si fuera ayer a aquel vecino entonces cuarentón, algo entradito en kilos, con sus pantaloncitos y su cinta elástica en la frente para absorber el sudor. Me lo cruzaba cada mañana de camino al cole, con su trote cochinero y sus resoplidos. En aquella época, aquel hombre era el friki, el raro del barrio. Nadie en aquella época se levantaba temprano para ir a correr antes de ir a trabajar. Nadie. Sólo él. Hoy en día me tengo que quitar el sombrero ante mi vecino: todo un visionario, joer. ¡Un gurú! ¡Un coolhunter!

Entonces era mi vecino y cuatro “locos” más los que salían a correr. Pero desde hace unos pocos años, no sé qué ha pasado para desencadenar esta fiebre por el running: si habrá sido culpa de Forrest Gump (¡¡corre, Forrest, corre!!), de la maratón de Nueva York, del Decathlon y sus zapatillas de pronador/supinador, de la crisis económica que ya no nos da ni para pagarnos el gimnasio y hay que buscar alternativas low-cost, o será ese otro tipo de “crisis” (la de los 30, los 40, los 50,…) que a la gente le pega por ponerse en forma, por ponerse buenorros para sentirse eternamente jóvenes… No sé qué será, pero ahora a todo el mundo le ha dado fuerte con eso de calzarse las zapatillas y salir a correr.

Ahora, ser runner es sinónimo de molar: de ser exitoso, deportista, sacrificado, perseverante. En definitiva: ser guay a tope.

Por eso, ahora todo el mundo quiere ser runner. Todos, como fichas de dominó, han acabado sucumbiendo a esta fiebre.

Y sí, me refiero a ese amigo con barriguilla cervecera y cuya máxima concesión al deporte era el partido anual de fútbol 7 con los amigotes. Resulta que hace un año empezó a correr, por aquello de ponerse un poco en forma para su boda, y ahora ¡acaba de correr una 10K y se está preparando para la Media Maratón! Y por supuesto, ni rastro de aquella barriguilla cervecera.

O aquella antigua compañera de trabajo a la que no le recuerdas pasión alguna por el deporte o el ejercicio, y que hoy en día es una famosa runner que tiene hasta un blog en el que habla de su experiencia con el running.

Muchos empiezan porque quieren perder peso o ponerse en forma; otros, animados por su pareja o sus amigos. Algunos, como vía de escape ante una situación difícil o un revés en la vida. Cada uno tiene su porqué para echarse a las calles a correr. Pero desde luego, tienen algo en común para lanzarse: lo tienen súper claro. Hubo un momento en que su cabeza hizo “clic”. Tomaron la decisión y fue para siempre. Y a partir de ese momento, ya no hubo vuelta atrás.

Es cierto que casi todos hablan de lo difícil que fue el comienzo. Pero no se rindieron. Y todos, sin excepción, hablan de cómo aquello acabó por engancharles hasta cambiarles la vida (para bien, se entiende). Tanto que ahora animan a sus amigos, a su familia a que se inicien en el saludable y maravilloso mundo del running. Cual apóstoles de este deporte.

Y repito: es gente normal, como tú y como yo. Nada de atletas profesionales. Por eso, no entiendo qué pasa conmigo. Por qué yo no consigo engancharme a correr. Lo he intentado, vaya que sí; pero nada.

No entiendo por qué se me resiste tanto. Lo intento, con ganas, con ilusión, con determinación, con propósito de seguir… Pero siempre acabo abandonando unas pocas semanas después. No sé, nunca llego a sentir “eso” que dicen sentir los que corren: esa satisfacción, esa felicidad, esa sensación de libertad… Más bien siento cansancio, fatiga, dolor en las rodillas.

Y mira que me gustaría engancharme a esto del running. Pero no sé dónde está la clave. No llego a ese punto de no retorno. Si es que me falta constancia, si es que soy demasiado impaciente y quiero resultados inmediatos… Debe de ser eso.

Pero como soy tozuda como una mula, y no me resigno a que el running definitivamente no sea para mí,  a ver si se pasa por aquí algún runner experimentado y me puede dar algún consejo, alguna orientación o simplemente contarme su experiencia. Será más que bienvenido. Y si estás empezando a correr (o es la enésima vez que lo intentas), y quieres compartir conmigo tus inquietudes y tus sensaciones, el por qué te decidiste a correr y si estás consiguiendo tus metas, me cuentas.

Nos leemos y nos damos ánimos. ¿Sí? 🙂

 

A ver si es verdad… 😉

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5 comentarios en “Running para Dummies

    • Hola Alvar Jiménez! Muchas gracias por leerme y dejar tu comentario!!!! 🙂 Pues sí, una de las cosas que hacen que me desmotive y lo acabe dejando es el dolor en rodillas y tobillos. Aunque esta vez parece que lo llevo algo mejor y no me fatigo tanto ni lo paso tan mal. Será ésta la definitiva??? Ojalá!!!!
      Un saludo!!!

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  1. ¿Y por qué te empeñas en “engancharte” si no te gusta?
    Si te gustase, si percibieras beneficios, si te compensara, si te mereciera la pena no abandonarías. Está claro que no es lo tuyo, invierte ese tiempo en buscar otra actividad que sí te llene, que te haga sentir bien!
    ¿Por qué pretender ser como otros y no prestar atención a quién eres tú y qué necesitas? Escucha a tu cuerpo, no te engaña nunca 🙂

    ¡Suerte!

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